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Invertir en startups atrae por la posibilidad de entrar temprano en la próxima gran empresa. Pero es una de las inversiones más arriesgadas que existen: ilíquida y con una alta probabilidad de pérdida total. Esta guía explica cómo funciona y cómo abordarla con la cabeza fría.
Cómo se invierte en startups
El acceso más habitual para el pequeño inversor es el equity crowdfunding: plataformas de financiación participativa donde varias personas invierten pequeñas cantidades a cambio de una participación en la empresa. En España, estas plataformas están sujetas a un marco regulatorio (autorización y supervisión), pero eso no reduce el riesgo del propio negocio.
Un riesgo muy elevado y una gran iliquidez
La mayoría de las startups fracasa, así que la pérdida total de una inversión individual es un escenario frecuente, no una excepción. Además, la inversión es ilíquida: no hay un mercado donde vender tu participación cuando quieras; recuperar el dinero puede tardar años (venta de la empresa, salida a bolsa) o no llegar nunca.
Cómo abordarlo con prudencia
Si te interesa, trátalo como la parte más especulativa de tu cartera: una porción muy pequeña, repartida entre varias startups (la diversificación es clave, porque los aciertos deben compensar los muchos fracasos), y solo con dinero que puedas permitirte perder del todo. Infórmate bien de cada proyecto y de las condiciones de la plataforma.